Nuestra historia

En 1987, compré un pedazo de tierra de secano, en un sitio maravilloso, una colina de Motril, desde la que se divisa desde la Punta de la Mona, al oeste, hasta Torrenueva, al este, y con la vega a sus pies, con una climatología incomparable (no en vano a esta zona se la llama la Costa Tropical).

En aquel momento, mi suegro, un “enterado” en el buen sentido de la palabra, ya que había vivido en Brasil, me dijo que esto era un pedregal, que no se criaban ni cigarrones. En su honor le he puesto ese nombre: “El Pedregal”.

Me fuí a las Islas Canarias, para ver qué frutos se podían poner en ella. Me informé del cultivo del mango, aunque me dijeron que estaba loco. Con mucho esfuerzo, y con mucho gasto, conseguí que aquello que era secano se convirtiera en tierra regada, y planté mis primeros mangos, después todos los bancales, pero de muchas variedades. Con el tiempo, y asesorado por un experto perito, he ido seleccionando y dejando sólo las que son de verdadera calidad, Keitt, Gleen, Manzanillo, etc..

Hoy me siento orgulloso de mi pequeña plantación. Tiene unas mil trescientas plantas de mango. Disfruto recolectándolos en su momento justo, cosa que antes no me gustaba, por los defectos que tenían los frutos. Ahora, con la posibilidad de venderlos, desde esta página, directamente a los consumidores, veo cumplidas mis aspiraciones: que mi fruto llegue del árbol a la mesa, en su justo punto de consumo, y así, si los frutos tienen algún defecto, el cliente me lo puede comunicar y yo subsanarlo.

— Francisco Escudero Cabello


  • Producto 100% Natural
  • De la tierra a su mesa
  • Producto Tropical
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